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lunes, 16 de julio de 2012

No Extraño lo que nunca he tenido.


No extraño lo que nunca he tenido

En uno de esos días de trabajo y consejería, estuve trabajando con una pareja. Me tuve que hacer muchas preguntas muy personales. ¿Cómo trabajar con una pareja para evitar el divorcio, si nunca he pasado por ahí? Luego estuve trabajado con una madre la que viene a buscar ayuda pues su hija de 15 años sale, no le dice a donde va y se amanece bebiendo y bailando. Humm!!! Me siento muy mal con ellos. Pero, ¿saben qué?, no extraño lo que nunca he tenido.

Muchas mujeres, comienzan a tener problemas con el esposo y recurren a la compañía de su amiga la divorciada. ¿Cuántas van a buscar consejo y apoyo con su amiga la que lleva más de 10 años casada con el mismo hombre? Creo que muy pocas. Si tu interés principal es arreglar tu matrimonio, busca consejo con alguien que lo haya logrado, no con alguien que no pudo pasar la prueba. Muchas veces las mujeres se sientan a pelar a sus esposos. Jaja, esto me recuerda una aventura en una oficina médica con papi y mami. En la misma, una señora se atrevió a contarme que estaba con su esposo por el simple hecho de cumplir su deseo de hacerle la vida de cuadritos. ¡Qué aventura la de esta mujer! No sabe, que buscando hacer la vida de otro de cuadritos, se te va la vida. Esta señora, hasta se atrevió a contarme que su esposo la engañó con prostitutas. ¡Que bárbara! Esta señora nunca extrañara lo que nunca ha tenido un esposo, un matrimonio. Un hombre que le hace eso a su una mujer no es su esposo, es un hombre que vive en la casa.

Que mucho me pasa; a veces pienso que tengo un letrero en la frente que dice: "cuéntame tus problemas y serás feliz". En otra ocasión estaba con mi esposito en un juego de softball y esta mujer que NUNCA me había visto antes, me contó como planificó para ir al trabajo de su esposo en otro carro que él no conociera; todo para cogerlo con la otra. Esta mujer no había tenido paz y confianza en su relación. Ella no extrañará lo que nunca tuvo, o tal vez lo que perdió sin darse cuenta. El cuento no quedó ahí, ella lo pescó saliendo del trabajo con la otra y luego !la atropelló! Eso hizo que saltara en mi mente una pregunta sencilla, ¿a caso no debió atropellarlo a él? Ella no extrañara respeto, pues él nunca se lo dio. Era él quien debía respetarla no la otra. Con la aventura de ir hasta  el trabajo del individuo y hacer todo lo que hizo pienso que ella misma no se respetó.  

Tengo una hija que es muy organizada, responsable y hace todo con tiempo de antemano. Créanme, no se a quien salió. Yo soy desorganizada por naturaleza. Como dice mi papá, el ser humano es como el cabro ‘jala pal’ monte siempre. Conociendo eso yo tengo que ponerme estricto código de orden y ella, mi hija es mi conciencia del tiempo y el orden. No sé qué hacer cuando se vayan. Para la madre que tiene crisis con su hija por las salidas, me da mucha pena, pero la relación de una madre y una hija no comienza en la adolescencia. Esa relación se trabaja con muuuuucho tiempo de antemano. Una vez mi madre que es una mujer sabia, pero algo fría en materia de cariñitos, me dijo: “tu le das muchas explicaciones a esas nenas”. ?Saben que?, ella crio en otro tiempo y yo vi el resultado, unos buenos y otros no tan buenos. El resultado de lo que son nuestros hijos no es necesariamente culpa solo de ellos. Cuando dices que tu hijo es un malcriao’, estás diciendo que tu lo hiciste mal. Esta hija mía, ella muchas veces se enoja conmigo. Pero algo he podido comprobar, cuando necesita un palabra que le golpee la cara y la despierte, no va donde las amigas, siempre busca a su madre. Los hijos se alejan de los padres, por que los padres se detienen en el tiempo. Los padres necesitamos evolucionar con el tiempo. Entender a los hijos es complicado, pues sus condiciones de vida son muy diferentes a las mías cuando yo era adolescente. Esta hija, mía ella tiene todo lo que en las redes cibernéticas pueda existir, tumblr, tweet, instagram, etc. Cada día serán más y cada día tendré que ponerme más al día. El respeto de mis hijas hacia mí, no le gané en la adolescencia de estas. Ese respeto lo he peleado y conquistado contra muchos gigas de internet. En una ocasión un jefe que tuve se atrevió a decirme que yo era una NAZI como madre, que parecía a Hitler. Que gracioso, pues la vida me enseño que debía ser con mis hijas astuta, mansa, sabia (pues la sabiduría es la inteligencia puesta en práctica), amorosa, pero sobre todo firme. Si muchos padres fuéramos misericordiosos, pero dejáramos de ser indulgentes, la historia en Puerto Rico sería otra. En mi casa cada una de mis hijas tiene una semana para fregar los trastes, no tengo secadora de ropa, así que a cada integrante de la casa nos toca tender una tanda. No ser indulgente es que si te toca fregar, tienes que fregar aunque te hayas bañado ya. Ser misericordiosa es que cuando te toca fregar y estas enferma yo te puedo ayudar con una tanda de trastes, pero cuando mejores la responsabilidad sigue estando allí y los trastes y la ropa también. Según la Real Academia Española indulgente es: Inclinado a perdonar y disimular los yerros o a conceder gracias.  
Los pecados se perdonan pero las consecuencias de estos no, al igual que los actos de la vida cotidiana. La vida no concede gracias. Me apenan mucho las mujeres que no tiene respeto de su maridos, pero ese respeto se logra con el tuyo primero. Me apenan mucho los padres que sienten que pierden a sus hijos en bares o en fiestas nocturnas (y no estoy hablando de la criminalidad eso es otra historia). No obstante tener hijos que vivan cercanos a tu consejo y al corazón de Dios cuesta trabajo. Unas experiencias que tengo como madre es que cuando mi hija mayor entró a la adolescencia, era en mi casa donde se hacían los “Sleepovers”, las giras al cine con la guagua llena era en la mía y quien vendía piñas coladas, aguas y refrescos en lo parties era yo junto a otras entregás’ como yo. Para que estés cerca de tus hijos y ellos quieran vivir contigo cerca, no es cómodo. Se requiere pasar trabajo y moverte de tu zona de confort, a veces hacer el ridículo ante tus hijos, pues ellas muchas veces me dicen: “Hay mami, por favor”, pero para sus amigas soy “cool”. Conviértete en su aliada no en su enemiga.

No extraño lo que nunca he tenido y espero nunca tener.

Gracias,
Ivelise Gómez   

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