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viernes, 29 de marzo de 2013

Yoisa, Rumba de Libertad


 Era una mañana soleada, era un día diferente, era nuestro cumpleaños. Yoisa y yo somos amigos desde que nacimos, nuestras madres nos trajeron al mundo atadas por las cadenas de la esclavitud del amo y nosotros nos atamos por el gran amor de una amistad para siempre. Ayer mi padre me dijo que mi regalo de cumpleaños sería uno de libertad y de cambio. Cuando se lo conté a Yoisa se puso muy triste pues ella sabía que no nos volveríamos a ver. Mi padre me dijo que en la noche de mi cumpleaños la rumba tocaría para que saliéramos danzando bomba hasta la montaña de la nube y la lluvia para encontrarnos con la libertad al otro lado. No me gustaba ver a mi mejor amiga triste el día de nuestro cumpleaños.

Como todos los días nos divertimos en la parte del mar donde el agua se junta con la del rio y los peces tiene tantos colores que es como si ellos tuvieran un paraíso de bienvenida cuando nadamos con ellos. Los cangrejos nos hacen cosquillas en los pies cuando caminamos por la orilla. Es como si ellos nos llevaran hasta el agua, es un piso lleno de cangrejos. El agua no es dulce pero no es salada, Yoisa dice que así se pone su corazón cuando piensa que hoy en la noche nos separaremos para siempre. Mi madre y la madre de Yoisa nos mantienen cerca para que evitemos problemas con el amo. Ellas trabajan desde antes que se despierte el sol y son las encargadas de mantener la casona hasta después que se duerme todo el mundo. Mi padre sale a trabajar por varios días y cuando regresa esta tan lleno de latigazos que no puedo abrazarlo. El padre de Yoisa se fue un día y ya no regresó, ella dice que él le habla cuando comienza la rumba en la montana de la nube y la lluvia. Hay noches donde se une la rumba de la playa con la rumba de la montaña y es cuando ni el coquí canta para que los que se fueron puedan hablar con los que quedamos. Esos días Yoisa dice que bailando en la rumba siente que vuela y que se puede mover como las olas del mar y las nubes de la montaña.

Ya se está cayendo la tarde y los cangrejos están escondiéndose en sus cuevas. Es como si supieran que algo va a pasar. Yoisa y yo hemos pasado todo el día en el mar salado y dulce. Comimos uvas playeras y tumbamos cocos cuando nos da sed. Es como si fuéramos parte de este sitio, el nos alimenta y nos cuida, mientras nuestras madres se hacen cargo de la gran casona; el mar nos da todo lo que necesitamos.


Cuando el sol se estaba apagando y llegaba la luna,  Yoisa se paró en el mangle y le pidió al mar, al sol, a la luna y al mangle que así como ellos siempre están juntos, nosotros estemos unidos para siempre. El viento parecía contestarle pues soplaba como cantando con las palmas y las olas chocaban como danzando una rumba a Yoruba. ¡Ya ves Yoruba y la naturaleza van a danzar esta noche una rumba especial para nuestro cumpleaños!; grito Yoisa. Los esclavos prepararon los tambores, encendieron el fuego de la rumba. La rumba comenzó a sonar y la fiesta en el batey era una rumba diferente. Mi padre me dijo que estuviera listo para seguirlo a la montaña de nubes y lluvia cuando él me dijera. Mi corazón comenzó a latir como si el mismo corazón fuera un tambor dentro de mi pecho. El rostro de Yoisa era uno de felicidad y de fiesta.

Cuando comenzó la rumba Yoisa y todas las mujeres comenzaron a danzar. Mi padre y yo nos mirábamos y comenzamos a danzar también.

El ritmo de los tambores era cada vez más fuerte y más rápido. Todo alrededor de la rumba estaba en calma solo se escuchaba la brisa que bajaba de la montaña con su propia rumba y el rugir de las olas que danzaban al compás del seguidor. El cielo estaba claro y las estrellas hacían figuras en el cielo como trazando el compás de la danza de bomba. El fuego se movía al ritmo del tambor.

De pronto la brisa levantó a Yoisa y ella reía a carcajadas y seguía danzando. Ella me gritaba: - ¡Viste Yoruba no dejará que nos separemos! Su danza se unió a la danza de las olas donde el mar se une con el gran rio que baja de la montaña de nubes y lluvia.

De pronto Yoisa se convirtió en espuma y mar, dulce y saldado y su traje blanco se llenó de peces de colores.


Entré corriendo al agua y enterré mis manos en la arena tratando de encontrarla pero solo escuchaba su risa. De pronto mis piernas comenzaron a doblarse y mis manos a cambiar uno de mis brazos crecía más que el otro. Mi piel comenzó a ponerse dura y cuando pude verme con el reflejo de la gran luna en el mar sabía que ya no era yo. Yoruba me hiso cangrejo uno diferente para que Yoisa pudiera jugar conmigo para siempre en las aguas donde el gran rio se une con el mar.  Soy un cangrejo violinista y Yoisa es la rumba que mueve las olas para que se mezcle el agua del gran rio con el mar. Somos parte de este sitio para siempre.



Mis padres y la madre de Yoisa corrieron hacia la montana y todas las noches hacen una rumba para dirigir a la libertad a más esclavos. Nuestra libertad nos la dio Yoruba y eso fue nuestro regalo de cumpleaños.









2 comentarios:

  1. Tremenda historia, Ivelise! No sabía que eras escritora y que tenías ese talento. Bello, bello, bello! Estoy segura de que alguien lo publicará! Hay que comenzar a presentarlo a casas editoras ya! Y seré de las primeras en comprar tu libro. Éxito!

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  2. Ivelise !!! Brillante!!! Me siento tan orgulloso de contarte entre mis amistades mas queridas, y después de leer este maravilloso cuento, mas talentosas.

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